Compositores clave en la historia de la música clásica

La música clásica que escuchamos hoy día no se entendería sin su historia, ni esta, con la de los compositores que han ido a lo largo del tiempo modelando estilos y marcando a generaciones con sus composiciones.

Arranquemos con El Renacimiento

Durante los siglos XV y XVI se produjo un movimiento cultural sin precedentes en Europa Occidental. Una transición entre la Edad Media y la Edad Moderna en la que la imprenta posibilitó que los compositores pudieran imprimir sus obras, contribuyendo así a la difusión musical.

En esta época aparecen los sostenidos, bemoles y becuadros. Claudio Monteverdi es clave en esta transición. De sus obras han trascendido piezas musicales de tres a seis voces que cuentan una historia laica, llamadas madrigales. Y qué decir de La fábula de Orfeo, que se considera la primera ópera de la historia.

Seguimos con El Barroco

Esta época está caracterizada por fuertes disputas religiosas entre países católicos y protestantes, así como marcadas diferencias políticas entre Estados absolutistas y parlamentarios. La música clásica busca en esta época la oposición en el ritmo, en los matices, en la sonoridad o en los instrumentos. Además, surge la orquesta con instrumentos agrupados por familias: cuerda, viento y a veces percusión.

El alemán Friedrich Händel dedicó su carrera a obras instrumentales y vocales en inglés, poniendo música a los grandes eventos de la corte, como la Música acuática, compuesta para los paseos en barco por el Támesis del rey Jorge I o la Música para los reales fuegos de artificio. El Mesías es una de las piezas fundamentales de la música sacra de todos los tiempos.

En El Barroco también hay que destacar a Antonio Vivaldi, autor de las inmortales Las cuatro estaciones. Vivaldi compuso más de 700 obras, entre ellas 46 óperas y más de 400 conciertos.

Llegando al final de la época barroca nos encontramos al considerado por muchos como el más grande compositor de todos los tiempos, Johann Sebastian Bach. El arte de la fuga, El clave bien temperado y Pasión según San Mateo son algunas de sus obras más notables.

El calado que el músico alemán representó para su época fue tal, que a su muerte en 1750 se consideró finalizada la era barroca en la música.

El Clasicismo de la Ilustración

La Ilustración se caracterizó por su declarada finalidad de disipar las tinieblas de la ignorancia de la humanidad mediante las luces del conocimiento y la razón. Los ideales de igualdad, libertad y fraternidad también llegaron a la música de la mano de El Clasicismo.

En esta época se dejan atrás las florituras y artificios del barroco, pasando a la búsqueda de la agradabilidad. Joseph Haydn fue uno de los músicos más influyentes del clasicismo. El austriaco se hizo famoso con sus cuartetos de cuerda, logrando grandes aportaciones al desarrollo de la sinfonía, que a partir de entonces se comenzó a estructurar en cuatro movimientos.

Incluso el talentoso Haydn se rindió a uno de los mayores genios musicales de la humanidad, Wolfang Amadeus Mozart. Mozart compuso una obra original y poderosa que abarcó géneros tan distintos como la ópera bufa, la música sacra y las sinfonías. Mozart prefiguró la sensibilidad romántica y fue, junto con Händel, uno de los primeros compositores que intentaron vivir al margen del mecenazgo de nobles y religiosos.

Romanticismo

Dentro de este movimiento que confiere prioridad a los sentimientos, la música clásica se erigió como defensora de la libertad creadora del artista. El Romanticismo musical se inicia con la 1ª Sinfonía de Ludwig van Beethoven, considerado el primer artista independiente. Tras una etapa de éxitos, denominada ‘década heroica’, Beethoven sufrió una profunda sordera, relegando su música a un pequeño número de expertos.

Con un Romanticismo ya avanzado, Fredéric Chopin se erige como el mejor intérprete del instrumento romántico por excelencia, el piano. El compositor polaco exploró un estilo intrínsecamente poético, de un lirismo tan refinado como sutil, que aún no ha sido igualado.

Cuando el Romanticismo llegaba a su fin, Richard Wagner regaló a sus contemporáneos unas obras dotadas de gran expresividad. En sus óperas, cada personaje tenía una tonalidad distinta. La música estaba al servicio de la expresión dramática.

Con los compositores buscando un lenguaje único, Wagner buscó que las distintas artes de una ópera tuvieran la misma importancia Él mismo escribió el libreto y diseñó la escenografía de, entre otras, El anillo de los Nibelungos o Tristán e Isolda, sentando las bases del teatro contemporáneo.

La música clásica del siglo XX

Con la dispersión y variedad de movimientos musicales, unido al uso de melodías y ritmos poco convencionales, se produjo el consecuente rechazo de la tonalidad clásica.

Pero hoy día, si la música clásica está más viva que nunca es gracias a compositores como Claude Debussy (Preludio a la siesta de un fauno), Ígor Stravinsky (La consagración de la primavera), Sergei Prokofiev (ballet Romeo y Julieta) o Dmitri Shostakóvich (su Sinfonía nº 1 está considerada una obra maestra por su vanguardismo estilístico).

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