¿Tocar el piano nos hace más inteligentes?

En anteriores post hemos visto la gran cantidad de beneficios que aporta el aprendizaje de un instrumento musical. Hoy vamos a centrarnos concretamente en el piano, y abordar esta pregunta que a priori puede parecer simplista.

El piano, ¡qué instrumento!

Tocar el piano es todo un desafío. Los pianistas pueden llegar a tocar hasta diez notas al mismo tiempo con ambas manos, armar acordes y diferenciar tonos. Para manejar todas estas opciones, el pianista desarrolla capacidades cerebrales totalmente únicas que ya están siendo reveladas por la ciencia.

El piano es el instrumento por excelencia en cuanto a demanda de habilidades: los pianistas deben leer notas, sentir las teclas, mover los dedos y las manos a lo largo de 88 notas posibles y oír lo que se toca. Y por si esto fuera poco, deben hacerlo todo a la vez.

Demandas cerebrales

Como vemos, el manejo del piano necesita la coordinación de los movimientos de ambas manos al mismo tiempo. Por esta razón, los pianistas presentan un cuerpo calloso más desarrollado.

Los científicos se han percatado que debido al manejo de ambas manos, la profundidad de la cisura central, que marca si somos zurdos o diestros, es en ambos hemisferios mucho más simétrica que en los de cualquier otra persona. A pesar de que hayan nacido diestros o zurdos, esto apenas es perceptible en el cerebro de un pianista, por lo que ha sido capaz de fortalecer su lado más débil hasta hacerlo coincidir aproximadamente con el lado dominante.

Otro de los estudios realizados al respecto, reflejó que los pianistas experimentados apagan literalmente la parte de su cerebro asociada a dar respuestas estereotipadas cuando tocan. Esto explicaría por qué cada pianista profesional desarrolla un estilo de interpretación que le es propio.

El ‘efecto Mozart’

En un estudio realizado en 1993, tres científicos sometieron a varios estudiantes a su experimento, que consistía en escuchar una sonata de Mozart. Los estudiantes consiguieron resolver mejor distintas tareas de orden espacio-temporal. El efecto desaparecía al cabo de 10 minutos. Tocar el piano, y por añadidura las obras de Mozart, hizo que los estudiantes fueran más ‘inteligentes’. Estudios posteriores en neurociencia encerraron el ‘efecto Mozart’ en el cajón del escepticismo, convirtiéndolo en mito, hasta el punto de que algunas guarderías de Florida ponen las obras de Mozart en bucle.

¿Tocar el piano nos hace más inteligentes?

Contestando pues a la pregunta inicial, bajo ningún concepto, el aprendizaje del piano  es la razón principal  para la mejora de la inteligencia. Teniendo esto claro, sí podemos asimilar que aprender piano y su técnica causaría nuevas conexiones neurológicas, provocando un profundo impacto en nuestras capacidades para aprender una lengua, mejora de la concentración y la memoria.

La práctica del piano no hace más inteligente al pianista, pero sí mejora su salud. El piano permite calmar el estrés pasajero y las angustias cotidianas, siendo un remedio tan poderoso como el deporte.

El aumento de las capacidades cognitivas, la coordinación entre cuerpo y cerebro y un mejor progreso en lectura son otros aspectos destacables de los beneficios que aporta al pianista el aprendizaje de este instrumento.

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